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¿Qué películas soviéticas compró Roger Corman para remontarlas con actores americanos?

· revisado el · alucine
¿Qué películas soviéticas compró Roger Corman para remontarlas con actores americanos?

Cuatro títulos soviéticos, y sobre todo dos: Nebo zovyot (1959) y Planeta bur (1962). El primero se remontó como Battle Beyond the Sun (1962). El segundo se canibalizó dos veces: Voyage to the Prehistoric Planet (1965) y Voyage to the Planet of Prehistoric Women (1968). A ellos se suma Mechte navstrechu (1963), reconvertida en Queen of Blood (1966).

El procedimiento era siempre el mismo: comprar el metraje, doblarlo, tirar el guion original, rodar entre dos y cinco días de planos nuevos con actores americanos reconocibles y vender el resultado como película inédita. Nadie mentía exactamente, pero en los carteles no aparecía la palabra Unión Soviética.

Original soviético Versión americana Firma la dirección Caras nuevas
Nebo zovyot (1959), Mijaíl Kariukov y Aleksandr Kozyr Battle Beyond the Sun (1962) Thomas Colchart, seudónimo de Francis Ford Coppola Ninguna: solo doblaje, remontaje y dos monstruos nuevos
Planeta bur (1962), Pável Klushántsev Voyage to the Prehistoric Planet (1965) John Sebastian, seudónimo de Curtis Harrington Basil Rathbone y Faith Domergue
Planeta bur otra vez Voyage to the Planet of Prehistoric Women (1968) Derek Thomas, seudónimo de Peter Bogdanovich Mamie Van Doren y las venusianas telépatas
Mechte navstrechu (1963), Mijaíl Kariukov y Otar Koberidze Queen of Blood (1966) Curtis Harrington, con su nombre John Saxon, Basil Rathbone, Dennis Hopper

¿Por qué salía tan barato el metraje soviético?

Las cantidades que pagaron Filmgroup y American International Pictures no se han publicado nunca, así que quien las cite está adornando. Lo que sí se puede sostener es la posición negociadora. La URSS no se adhirió a la Convención Universal sobre Derecho de Autor hasta el 27 de mayo de 1973: durante los años en que se hicieron estos remontajes, una película soviética entraba en Estados Unidos con una protección legal endeble, y el vendedor lo sabía. Sovexportfilm colocaba copias porque una copia colocada era divisa y era propaganda; el comprador americano solo tenía que asumir que aquello se iba a estrenar irreconocible.

Y el material valía la pena. Los efectos de Planeta bur —trajes presurizados con articulaciones que funcionan, un vehículo que planea sobre la superficie, secuencias submarinas rodadas de verdad bajo el agua para simular la gravedad y la atmósfera de Venus, un robot bípedo llamado John que camina con un peso convincente— costaban en Hollywood un dinero que Corman no iba a gastar jamás. Comprarlos hechos y añadir a Basil Rathbone mirando una pantalla desde un despacho salía por una fracción.

¿Qué hizo Coppola exactamente con Nebo zovyot?

Tenía veintidós o veintitrés años y trabajaba para Corman haciendo de todo. Nebo zovyot era una película de propaganda bastante seria: dos naves, la soviética y la americana, compiten por llegar a Marte, la americana se precipita por imprudencia y la soviética la rescata. Coppola quitó las banderas, rebautizó a los bandos como planetas enfrentados y, porque a Corman le parecía que aquello no tenía suficiente acción, rodó dos criaturas que se pelean en un asteroide. Las siluetas de esos monstruos llevan sesenta años dando conversación a los aficionados por razones anatómicas evidentes, y Coppola nunca ha negado que fueran deliberadas.

¿Por qué Planeta bur se aprovechó dos veces?

Porque la primera versión fue directa a televisión y la segunda podía venderse a salas sin que se notase el reciclaje. En 1965, Curtis Harrington, firmando como John Sebastian, insertó a Rathbone y a Faith Domergue en una estación orbital que no existía en el original y que sirve para explicar por voz en off lo que la trama soviética contaba con imágenes. A los actores soviéticos les inventaron nombres americanos en los créditos: Gueorgui Zhzhónov aparece como Kurt Boden.

Tres años después, Peter Bogdanovich hizo lo mismo con el mismo material —y con trozos ya remontados por Harrington— para Voyage to the Planet of Prehistoric Women. Firmó Derek Thomas, puso su propia voz en la narración, rodó en la costa de California a Mamie Van Doren y a un grupo de venusianas telépatas con sujetadores de concha tumbadas en las rocas, y las montó como si observaran a los cosmonautas desde la distancia. Es la versión peor de las tres, y falla en algo concreto: las mujeres no comparten un solo plano con los astronautas, así que la película entera se sostiene sobre miradas que no se cruzan.

¿Quién era Klushántsev y por qué su nombre no aparecía?

Pável Klushántsev (1910-1999) trabajaba en Lennauchfilm, el estudio de cine científico y divulgativo de Leningrado, y llevaba desde los años cuarenta inventando maquinaria óptica para rodar ingravidez y superficies planetarias. Su Doroga k zvezdam (1957) reconstruye una estación espacial giratoria y un paseo extravehicular once años antes de que Kubrick estrenase 2001. En los remontajes americanos su nombre desaparece: el crédito de dirección se lo lleva el seudónimo del que rodó cuatro días de insertos.

Lo recuperó tarde el técnico de efectos Robert Skotak, que lo localizó ya anciano y publicó sobre él en American Cinematographer a mediados de los noventa. De esa visita procede la anécdota, repetida desde entonces sin más fuente que el propio Skotak, de que George Lucas se refirió a Klushántsev como el padrino de la ciencia ficción en cine. Cabe dudar de la cita exacta; no cabe dudar de que un espectador americano de 1965 vio su trabajo sin ninguna posibilidad de saber de quién era.

¿Por dónde empezar?

La versión de Bogdanovich se puede dejar para el final, o para nunca.