¿Por qué en Italia hubo secuelas de Alien, Terminator y Posesión infernal sin permiso de nadie?

Porque en Italia el título no pertenecía al estudio americano. Las películas extranjeras se rebautizaban país por país y quien registraba el título italiano era el distribuidor local, no la Fox ni la Universal. Poner un 2 detrás de un título ajeno no infringía ninguna marca —casi ninguna estaba registrada allí— y el número se vendía solo en el mercado de Milán.
El caso fundacional es de 1978. Dario Argento supervisó el montaje europeo de Zombi (George A. Romero, 1978), con música de Goblin y un título que no existía en inglés. Al año siguiente, Fabrizio De Angelis produjo para Variety Film una película de Lucio Fulci que se estrenó como Zombi 2. No comparte con la de Romero ni un personaje, ni una localización, ni una premisa: son caníbales caribeños, no un centro comercial de Pensilvania. Comparte el número.
¿Cómo podía una productora italiana numerar la película de otro?
Por tres cosas a la vez. La primera, que el título italiano era una creación italiana. Zombi, La casa o Terminator no eran los títulos originales de nada: eran etiquetas comerciales puestas por el distribuidor que había comprado la película para ese territorio. El propietario americano no tenía en Italia nada que reclamar sobre unas palabras que él no había elegido.
La segunda, que la ley de derecho de autor italiana de 1941 protege el título de una obra frente a la confusión, pero eso obliga a demostrar que el público confunde una cosa con otra, y un número detrás bastaba para sostener lo contrario ante un juez. La tercera, y la más práctica: el legitimado para pleitear era el distribuidor italiano del original, y a menudo ese distribuidor estaba en el mismo circuito de salas que estrenaba la imitación. Nadie iba a demandarse a sí mismo.
¿Qué películas se vendieron así?
| Título de venta | Película real | De qué se colgaba | Qué pasó después |
|---|---|---|---|
| Zombi 2 | Lucio Fulci, 1979 | Zombi, el montaje de Argento de Dawn of the Dead (Romero, 1978) | Ninguna reclamación. Es la más taquillera de todas y generó a su vez Zombi 3 y Zombi 4 |
| Alien 2 sulla Terra | Ciro Ippolito, 1980 | Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979) | Reclamación de la Fox y desaparición de circulación durante décadas, hasta las ediciones en disco del siglo XXI |
| Terminator II (Shocking Dark) | Bruno Mattei, 1989 | Terminator (James Cameron, 1984) y sobre todo Aliens (1986) | Sin estreno legal en Estados Unidos hasta la edición de Severin Films en 2018 |
| La casa 3 (Ghosthouse) | Umberto Lenzi, 1988 | La casa, o sea Posesión infernal (Sam Raimi, 1981) | La serie italiana llegó a siete entregas; solo las dos primeras son de Raimi |
| Troll 2 (rodada como Goblin) | Claudio Fragasso, 1990 | Troll (John Carl Buechler, 1986) | No aparece ningún troll en la película. Culto internacional a partir de los 2000 |
| L’ultimo squalo | Enzo G. Castellari, 1981 | Tiburón (Steven Spielberg, 1975) | Demanda de Universal y retirada de las salas norteamericanas en 1982 |
¿Por qué la Fox fue a por Alien 2 y nadie fue a por Zombi 2?
Porque Alien era una franquicia viva y Zombi no. Romero rodaba con dinero disperso y sin un departamento jurídico detrás; el título italiano ni siquiera era suyo. La Fox, en cambio, tenía en 1980 una marca que pensaba explotar durante años y un modelo de negocio —merchandising, secuelas, licencias— que se desmonta si cualquiera puede numerar tu película. La diferencia no está en la ley italiana, que era la misma para las dos, sino en quién tenía interés en gastarse el dinero en abogados.
El mismo criterio explica L’ultimo squalo: mientras se quedó en Europa nadie se movió. En cuanto se estrenó en Estados Unidos y empezó a hacer taquilla con un cartel que parecía el de Spielberg, Universal fue a por ella y la sacó de las pantallas.
¿Qué pintaba Milán en todo esto?
El MIFED, el mercado internacional que se celebraba en la Fiera de Milán desde 1960 y que cerró en 2004, era donde se vendía el cine italiano de género. Allí no se proyectaba casi nada: se vendía por catálogo, con un cartel pintado, una sinopsis de diez líneas y un título. El comprador de Turquía, de Filipinas o de Texas firmaba un anticipo por algo que muchas veces todavía no se había rodado.
En ese contexto, el título no es un adorno: es el producto. Un número convierte una película desconocida en la continuación de algo que el comprador ya sabe que funciona en sus salas. Y como cada territorio ponía después el título que le convenía, la misma película podía llegar a Alemania como secuela de una cosa y a Japón como secuela de otra. Shocking Dark es el ejemplo extremo: se vendió como Terminator II en 1989, dos años antes de que Cameron rodara la suya.
¿Por qué se acabó?
Por dos vías simultáneas. La jurídica: la armonización europea de marcas, que Italia incorporó con el decreto legislativo 480/1992, y la profesionalización del control de derechos en el vídeo doméstico, donde los estudios americanos empezaron a vigilar catálogo por catálogo. A partir de ahí, un título así ya no era una travesura de mercado: era un pleito con una carátula como prueba.
La económica pesó igual o más. El circuito de salas de barrio que sostenía estas películas se vació con la televisión privada, y las productoras que vivían de vender humo en Milán se quedaron sin comprador. Cuando el negocio se muere, la picaresca que lo alimentaba se muere con él.
¿Por dónde empezar?
Por Zombi 2, que es la única del grupo que aguanta como película y no solo como anécdota: el plano del zombi contra el tiburón está rodado de verdad, con un especialista y un escualo sedado, y la secuencia de la astilla en el ojo sigue siendo de las cosas más desagradables que se han filmado en Italia. Después, Shocking Dark, por ver hasta dónde llega el descaro de copiar Aliens plano a plano en los túneles de Venecia. Y Ghosthouse como muestra de lo que era la etiqueta La casa a la altura de 1988: una casa, unos fantasmas y una canción infantil, sin ningún parentesco con Raimi salvo el que decía el cartel.
Alien 2 sulla Terra se ve hoy en copias restauradas y es peor que su leyenda, aunque tiene una secuencia de cabeza reventando que Ippolito resolvió con recursos de cueva. Que la Fox se molestara en perseguirla dice más del valor de la palabra Alien en 1980 que de la película.
