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La ciencia ficción de los años cincuenta: por dónde empezar y qué saltarse

· alucine

Los años cincuenta son la década fundacional de la ciencia ficción en cine, y también la más malinterpretada. La imagen popular es la del platillo de cartón colgado de un hilo. Hay bastante de eso. Y hay, en el mismo lote, algunas de las películas más inteligentes que ha dado el género.

Por qué todas hablan de lo mismo

Porque todas se hicieron bajo la misma sombra. La bomba atómica tenía menos de diez años y la Guerra Fría estaba en su punto más paranoico. Casi cualquier película de la década se puede leer de dos maneras: como lo que cuenta, y como miedo a la aniquilación nuclear o miedo a que tu vecino no sea quien dice ser.

Eso, que suena a lectura forzada de crítico, es explícito en las propias películas. No hay que rascar mucho.

Las que siguen en pie

Ultimátum a la Tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951)

Un alienígena aterriza en Washington a decirle a la humanidad que se calme. Es la película que demostró que el género podía tener ideas sin dejar de ser espectáculo. La banda sonora de Bernard Herrmann, con theremín, definió cómo suena «lo extraterrestre» durante los siguientes treinta años.

La cosa de otro mundo (The Thing from Another World, 1951)

El otro polo del mismo año: aquí el alienígena no viene a razonar, viene a matar. Producida por Howard Hawks, y se nota en cómo se solapan los diálogos. Carpenter la rehízo en 1982 volviendo al relato original, y su versión es mejor, pero esta funciona sola.

La guerra de los mundos (The War of the Worlds, 1953)

Traslada a Wells a la California de los cincuenta. Los efectos ganaron el Óscar y, sorprendentemente, aguantan: los trípodes con forma de manta raya siguen resultando incómodos de mirar.

La invasión de los ladrones de cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956)

La mejor de la década, y la que menos efectos necesita. Vainas que sustituyen a la gente por copias sin emociones. Se ha leído como anticomunista y como antimacartista con el mismo material, lo cual dice bastante de lo bien construida que está: funciona con cualquier miedo a la conformidad que le pongas encima.

Planeta prohibido (Forbidden Planet, 1956)

La más ambiciosa. Una relectura de La tempestad de Shakespeare en un planeta lejano, con la primera banda sonora enteramente electrónica de la historia del cine y el monstruo mejor resuelto de la década, porque viene de dentro del protagonista. Sin ella no existen Star Trek ni media ciencia ficción posterior.

El increíble hombre menguante (The Incredible Shrinking Man, 1957)

Un hombre encoge sin remedio. Empieza como película de sustos y acaba en un final metafísico que no se parece a nada de su época. Los últimos cinco minutos justifican la película entera.

La humanidad en peligro (Them!, 1954)

Hormigas gigantes por las pruebas nucleares. Es el patrón de todo el subgénero de bichos enormes, y es de las pocas que se lo toma en serio: la primera media hora es casi una investigación policial.

La mosca (The Fly, 1958)

Un científico se fusiona con un insecto en un teletransportador. Cronenberg la rehizo en 1986 y ahí sí que la superó ampliamente, pero el original tiene un final que se te queda.

Las que solo interesan como documento

Plan 9 del espacio exterior (1959) tiene fama de peor película de la historia y esa fama es un chiste que ya dura más que la película. Verla por curiosidad, una vez, sabiendo que no hay nada debajo.

Robot Monster (1953) es un gorila con una escafandra. Igual.

Cómo verlas hoy sin frustrarse